Resurge Tras-Patio. Nueva propuesta enfocada en el detalle y servicio, mas elegante que un bistro.

Honrada de compartir la mesa en Tras-patio con estas damas

Comer rico es terapéutico para mí… Algunos días vivo sin pausa, pero gracias a Dios logré organizarme para llegar a tiempo a un almuerzo en Tras-Patio, y así cambió la narrativa de mi día.

Llegar a un lugar y que el servicio sea impecable es una experiencia que merece ser contada y repetida. Todo el espacio en Tras-Patio fue justo así. Antesala, salón, barra, booth… todo se sintió elegantemente familiar.

Llegar también es parte de la experiencia; por eso llegué en Uber y con hambre

Llegué en Uber a la puerta del 116 de la calle Uruguay y salí horas más tarde con la sensación de haber estado en casa de alguien que quería que yo la pasara bien. Esa distinción —entre ser atendida y ser recibida— es lo que separa un restaurante de un solo día de uno al que quiero volver y que quiero recomendar a otras personas.

Ensalda de Pulpo

Lo primero que noté del menú es que decía: Bienvenidos a nuestra casa. Ya sabiendo los platos que estaría degustando, y después de escuchar al chef Nassar contar la historia del restaurante, de las recetas y la misión que tiene este magnífico lugar, ahí supe de dónde venía esa familiaridad. Y cuando probé el asopao —como el de mami, de gandules con bollitos de plátano y pegao— supe que ese sería el tema de conversación con mi gente. (El nombre real del plato es Asopao de gandules y plátano · Arroz crujiente).

Uno de los encantos del restaurante, antes de entrar, es la ubicación: es céntrico, cortas el tráfico, hay estacionamiento y precios accesibles como para repetir en la misma semana. Está en el corazón de Hato Rey, a minutos de la Milla de Oro. El horario de servicio es de lunes a viernes desde las 11:30 a.m., con cena de miércoles a viernes hasta las 10:30 p.m. Incluyo este detalle porque para mí es algo bastante importante y a veces determina con qué frecuencia regreso; puede que sea tu caso también.

No es un bistró puertorriqueño, es más…

El comedor no busca impresionar. Aunque es hermoso, la energía la sentí cómoda y elegante. Hay calidez en la escala del espacio —capacidad para más de 80 personas— distribuidas de manera que ninguna mesa opaca la otra.

Me encantó el mural de recetas: además de lindo, es un picture spot para subir a tus redes y compartir con el restaurante. Me contó el chef que la familia Nassar decidió inscribir en la pared las recetas originales de las abuelas y su mamá, no como decoración temática, sino como archivo.

Me quedé leyéndolo más tiempo del que se considera elegante. Pienso que hay algo bien boricua en el gesto de guardar la letra de una abuela para que no se pierda. Y hay algo profesionalmente admirable en convertir ese archivo íntimo en la brújula de un negocio. Tras-Patio tiene su blueprint escrito en la pared, donde no se puede olvidar, y luce genial.

El Bar Lounge funciona como antesala y como destino propio: un espacio donde uno puede esperar una mesa sin sentir que está esperando, o quedarse después del postre porque la conversación todavía la queremos extender un poquito más.

La tarde abrió con un cóctel llamado Verde Luz: rico, refrescante, con un pepino suave que se asienta sobre el ron y despierta con el limón.

El comienzo fue un asopao de gandules y plátano con arroz crujiente, servido en porción de degustación. Este plato es estratégico porque el asopao es plato de domingo, de casa, de olla grande; verlo tratado con esa contención —el caldo concentrado, el gandule entero, el arroz tostado aportando una textura que el asopao tradicional no siempre tiene— fue la primera señal de que aquí no se está imitando una cocina de abuela, sino haciéndola parte de la conversación.

Los aperitivos llegaron en orden y cada uno defendió su lugar. Las croquetas de bacalao y parmesano, con aioli de achiote, resolvieron hábilmente el problema clásico de la croqueta en otros lugares: no solo están ricas, también se ven apetecibles. El chicharrón de pulpo, acompañado de ensalada de tomates y aguacate, tenía la mordida firme que solo se logra cuando alguien respeta los tiempos de cocción, sin prisa. Y las albóndigas de brisket y sirloin, con Roquefort y Barrilito, fueron mi favorito de esa ronda.

El principal fue un striploin a la parrilla con chimichurri ahumado, y allí el concepto de steakhouse con sabores de Puerto Rico dejó de ser una frase de comunicado: la carne llegó con marca de parrilla, y eso me encanta. Pero fueron los acompañantes los que contaron la historia completa: una dauphinoise de viandas —la técnica francesa aplicada a nuestras raíces, cremosa y sin pretensión—, una ensalada de aguacate y repollo a la parrilla que aportó humo y frescura al mismo tiempo, y tostones peseta con salsa de ajillo, delgados y crujientes, del tipo que uno sigue comiendo aunque ya no tenga hambre.

Ahí está la fusión que el chef Nassar propone: puertorriqueña, francesa, alemana y mediterránea, sostenida en ingredientes locales. No es un cruce por capricho. Es traducción.

Cerré con Key Lime Pie y merengue cremoso, del tipo que limpia el paladar en lugar de dejarte el azúcar encima. Terminar así, con algo ligero, dice mucho sobre cómo esta cocina piensa una comida completa y no una sucesión de platos.

Los maridajes acompañaron con criterio: Raventós i Blanc, Teófilo Reyes y Martín Códax.

El Chef Nassar, Cristina, Marcos, Mariana y Efraín: los que hicieron todo para una tarde divina

Quiero detenerme aquí, porque es la parte que menos se escribe y más se recuerda.

La gerente Cristina dirige un equipo —Marcos, Mariana y Efraín— que entiende algo difícil de enseñar: el servicio excelente es una cuestión de tiempo, no de cantidad. Nunca hubo una interrupción innecesaria. Nunca tuve que buscar a nadie con la mirada. 

El agua se rellenaba antes de que yo notara que faltaba. Las explicaciones de los platos fueron precisas, sin la recitación memorizada que delata falta de conocimiento real. Cuando pregunté por una preparación, la respuesta vino con seguridad y sin adornos.

Esa anticipación silenciosa es entrenamiento, sí, pero también es cultura. Un equipo se mueve así cuando alguien invirtió tiempo en explicarle por qué importa. Y se nota cuando el liderazgo está presente en el salón del restaurante. Brenda, siempre agradecida por la invitación y las oportunidades de colaborar contigo.

Lo que cuesta y lo que vale

Hablemos de dinero, porque el valor se calcula con honestidad o no se calcula.

Revisando la carta, los precios me parecieron muy razonables considerando tres factores que rara vez coinciden: la calidad de los ingredientes, el nivel de ejecución en cocina y el estándar de servicio en el salón.

Ese es el punto que suelo repetir a colegas del sector: el valor no es el precio bajo. Es la ausencia de eslabones débiles. Uno puede pagar mucho más en San Juan por una carta ambiciosa que se derrumba en el servicio, o por un servicio impecable que sostiene una cocina tibia. Tras-Patio no tiene ese desequilibrio, y por eso su propuesta se siente generosa y no costosa.

Siempre presente

Este restaurante abrió en 2010, cerró en 2023 y regresó tras una renovación completa. Podría haber vuelto siendo otra cosa. Es la tentación evidente: borrar y empezar.

Eligió el camino más difícil. Conservó la esencia que lo hizo favorito de tanta gente y le construyó alrededor una propuesta nueva. La filosofía de preservar la historia familiar no quedó en un párrafo de comunicado: está en el mural, en la dauphinoise hecha con viandas, en el Barrilito que se cuela dentro de una albóndiga, en la manera en que el equipo trata a quien llega.

Salí pensando que evolucionar no significa olvidar de dónde vienes. Significa encontrar una forma nueva de contarlo. Tras-Patio lo entendió, y esa comprensión se saborea.


Calificación Sol Borincano

CategoríaPuntuación
Hospitalidad★★★★★ 5.0
Servicio★★★★★ 5.0
Calidad culinaria★★★★★ 4.8
Ambiente★★★★★ 4.8
Presentación★★★★★ 4.8
Relación calidad-precio★★★★★ 5.0
Experiencia general★★★★★ 4.9

Puntuación global: ★★★★★ 4.9 / 5

Por qué Tras-Patio merece una visita: porque logra algo que muchos restaurantes persiguen y pocos alcanzan —que la cocina, el servicio, el espacio y el precio cuenten la misma historia sin contradecirse. Es céntrico y fácil, funciona para el almuerzo de negocios y para la cena en la que quieres pasarla divino. Tiene una cocina que respeta el ingrediente y una identidad que no necesita explicarse porque está escrita en la pared.

Reserva una mesa. Pide el striploin y no dejes ir los tostones peseta. Y siéntate junto al mural y tómate una foto, porque es un picture spot chulísimo.


Tras-Patio · 116 Calle Uruguay, Hato Rey, San Juan Steakhouse con sabores de Puerto Rico · Bar Lounge · Capacidad: 82 personas Chef y propietario: Javier Nassar Lunes a martes: 11:30 a.m. – 4:00 p.m. · Miércoles a viernes: 11:30 a.m. – 4:00 p.m. y 6:00 p.m. – 10:30 p.m. Tel. (787) 754-6969 / (939) 229-8989 · Reservaciones vía OpenTable · info@traspatiopr.com