El Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot vivió una noche inolvidable con el regreso de Ricardo Montaner.

Montaner, quien presentó su gira “El Último Regreso” ante un público completamente entregado que convirtió cada una de sus canciones en un gran coro. Visiblemente emocionado durante gran parte de la velada, el cantautor se reencontró con sus seguidores puertorriqueños en una noche marcada por la nostalgia, el romance, la alegría y, sobre todo, por una conexión muy especial entre el artista y el público.
Originalmente, Montaner tenía pautada una única presentación para el viernes 18 de septiembre, pero la respuesta del público llevó a que se abriera una segunda función para el jueves 17. De esta manera, la fecha que se añadió posteriormente terminó convirtiéndose en la primera noche del regreso. El propio artista hizo referencia a este detalle durante el espectáculo con una frase que provocó sonrisas y aplausos: “Los segundos fueron los primeros”.


Desde que las luces se apagaron y comenzaron los primeros acordes de “Yo que te amé”, la reacción del público fue inmediata. Las voces de los asistentes acompañaron a Montaner desde el primer verso, dejando claro que no habían llegado solamente a escuchar sus canciones, sino a cantarlas junto a él. La noche continuó con “Será”, “A dónde va el amor”, “Castillo azul”, “El poder de tu amor” y “La cima del cielo”, temas que provocaron una respuesta cada vez mayor en las gradas y el área de arena.
La emoción de Montaner fue evidente en distintos momentos de la presentación. El artista agradeció repetidamente el cariño recibido y se mostró conmovido al escuchar cómo el público interpretaba sus canciones prácticamente completas. La relación entre Puerto Rico y Montaner volvió a sentirse de una manera muy especial: sus canciones, muchas de ellas convertidas en clásicos de la música romántica en español, forman parte de los recuerdos y las historias de varias generaciones.
Uno de los momentos más esperados llegó cuando interpretó “El último regreso”, tema que da nombre a la nueva gira y que representa esta nueva etapa del artista. La interpretación sirvió además como antesala para uno de los segmentos más nostálgicos de la noche: un extenso medley de baladas que reunió algunas de las canciones más queridas de su repertorio.
Montaner interpretó fragmentos de “Solo con un beso”, “La mujer de mi vida”, “Ojos negros”, “Yo sin ti”, “Yo puedo hacer”, “Convénceme”, “Resumiendo” y “Quisiera”. El resultado fue uno de los momentos más emotivos de la velada. El Coliseo se convirtió en una sola voz mientras los asistentes cantaban cada una de las melodías, demostrando que aquellas canciones continúan vigentes y que siguen teniendo un lugar importante en la memoria musical del público.
Después de recorrer el lado más romántico de su repertorio, Montaner cambió completamente el ritmo de la noche. Un medley de canciones más movidas, integrado por “No me entregues tu amor”, “Corazón fracturado”, “Necesito de ti” y “La chica del ascensor”, puso a bailar y cantar al público. La energía aumentó todavía más cuando llegó “Conga”, transformando el Choliseo en una verdadera fiesta.
La celebración continuó con “Bésame”, pero fue con “Me va a extrañar” cuando el recinto alcanzó uno de los puntos más altos de la noche. El público se desbordó cantando uno de los mayores éxitos de Montaner, interpretando la canción con tanta fuerza que el artista prácticamente compartió el protagonismo con las miles de voces que llenaban el Coliseo. Fue uno de esos momentos en los que el cantante podía detenerse y dejar que fuera el público quien hiciera suyo el escenario.
Después de la intensidad de “Me va a extrañar”, llegó lo que parecía ser el final del espectáculo. Sin embargo, Montaner regresó al escenario para continuar la celebración. El llamado final falso dio paso a uno de los momentos más particulares de la noche: la presentación de “Para que seas feliz”, una nueva canción que el artista estrenó durante esta etapa de su carrera.
Lo que sorprendió al propio Montaner fue comprobar que el público puertorriqueño ya conocía la canción. Los asistentes comenzaron a cantarla junto a él, demostrando que el tema había logrado conectar rápidamente con la audiencia. El artista destacó además que “Para que seas feliz” se encontraba en el número uno en Puerto Rico, un dato que compartió con evidente entusiasmo y agradecimiento.
La parte final de la noche recuperó nuevamente la intensidad emocional con “Déjame llorar”, una de las canciones más reconocidas de su trayectoria. Las voces del público volvieron a acompañarlo de principio a fin, creando una atmósfera cargada de nostalgia. Luego llegó “La gloria de Dios”, otro de los momentos más emotivos de la presentación, en el que la música adquirió un tono más profundo y espiritual.
Más allá del repertorio, uno de los momentos que mayor cercanía provocó fue cuando Montaner decidió bajar del escenario y acercarse a los fanáticos ubicados en el área de arena, junto a la valla que divide al público del escenario. El artista saludó a quienes estaban allí, recibió muestras de cariño y se tomó fotografías con algunos de sus seguidores. El gesto provocó gran emoción entre los presentes y reforzó la sensación de cercanía que marcó toda la noche.
Finalmente, llegó el momento de despedirse con “Tan enamorados”, una de las canciones más emblemáticas de Ricardo Montaner y una pieza que parecía hecha para cerrar una noche como aquella. El público volvió a cantar a todo pulmón, acompañando al artista en cada palabra mientras el espectáculo llegaba a sus últimos acordes.
Ricardo Montaner se despidió de un público que durante toda la noche le había demostrado cuánto significan sus canciones. Fueron constantes los aplausos, los gritos, las voces y las muestras de cariño hacia un artista que se mostró genuinamente emocionado por volver a encontrarse con Puerto Rico.
La primera función de “El Último Regreso” en la Isla fue mucho más que un concierto. Fue un reencuentro entre Ricardo Montaner y un público que ha crecido con sus canciones y que demostró que aunque pasen los años, algunas melodías permanecen intactas en la memoria.
El 17 de septiembre, los “segundos” terminaron siendo los primeros y, para quienes estuvieron allí, la noche dejó una certeza: las canciones de Ricardo Montaner no solamente se escuchan; se recuerdan, se sienten y cuando miles de personas las cantan juntas, vuelven a cobrar vida.