Tres botellas, tres historias: Albariño bajo las estrellas en Ballajá.

El 12 de septiembre me senté en el patio de Divinissimo Gelato, en el Cuartel de Ballajá, con el Viejo San Juan alrededor y el cielo a plena vista. Una degustación de tres Albariños de Rías Baixas, dirigida por la maestra Rosa María González, líder, representante y embajadora de la Denominación de Origen Rías Baixas en el mercado de Puerto Rico.
En esta ocasión fueron tres vinos y sigo contando…
Lagar de Cervera: el Atlántico en la copa

Lagar de Cervera, de Bodegas Lagar de Fornelos. Aunque la bodega está ubicada en O Rosal, las uvas de este vino provienen del Salnés, la subzona más grande y tradicional de Rías Baixas, profundamente marcada por su cercanía al Atlántico.
Ese detalle explica mucho. El viento, el mar, la humedad y la salinidad ayudan a construir ese perfil fresco, de buena acidez y con notas salinas que distingue a tantos vinos de la denominación.
Es un 100 % Albariño de la añada 2024, fermentado en acero inoxidable, sin crianza posterior ni contacto con lías. Después de la fermentación y un breve reposo, llega al mercado pocos meses más tarde, conservando ese carácter joven y directo que invita a disfrutarlo sin pensar mucho. En la copa aparecen cítricos, notas tropicales y ese recuerdo a manzana que se queda un rato.
D. Pedro de Soutomaior: la copa que llegó con leyenda

Mi favorito fue este, D. Pedro de Soutomaior, de Adegas Galegas, y quizá el que llegó acompañado de la historia más interesante de la noche.
Viene del Condado de Tea, una subzona con menor influencia atlántica y temperaturas más extremas, y lleva el nombre de un noble medieval gallego: Pedro Álvarez de Soutomaior.
La leyenda cuenta que Don Pedro cayó en desgracia después de apoyar a Juana la Beltraneja en la disputa por el trono de Castilla. Ella terminó en el exilio. Él perdió sus propiedades y, tiempo después, desapareció durante un viaje. De ahí nace una de esas historias hechas para lo que me gusta, una buena conversación alrededor de una copa: la posibilidad de que no hubiera muerto, sino que hubiera regresado bajo otra identidad.
¿Y cuál es esa identidad, según la leyenda?
Cristóbal Colón.
La propia etiqueta juega con la historia y presenta un rostro cuya mirada evoca, según nos explicó Rosa María durante la degustación, a quien llegó a Puerto Rico hace más de cinco siglos. Ahí, sentada en Ballajá, aprendí todo esto.
El vino también es joven, 100 % Albariño, elaborado en acero inoxidable y sin crianza. La añada 2024 fue catalogada como excelente en Rías Baixas. Y hay un detalle que me pareció importante: su elaboración sigue una filosofía vegana, con certificación V-Label, utilizando proteínas vegetales en lugar de elementos de origen animal durante el proceso de clarificación. Una decisión técnica que amplía el alcance de la variedad y abre la mesa a más personas.
Condes de Albarei: la comunidad detrás de la botella

Detrás de esta botella hay algo que me pareció tan interesante como el vino mismo: una comunidad de viticultores que une sus esfuerzos a través de una cooperativa. La bodega fue fundada en 1988, coincidiendo con el nacimiento de la Denominación de Origen Rías Baixas. Algunos de sus viñedos tienen alrededor de 35 años y la operación mantiene prácticas orientadas a la sostenibilidad.
Un 100 % Albariño de primera prensa, fermentado lento y con fermentación maloláctica realizada. Un vino fresco, con buen cuerpo, que no necesita madera para sostenerse.

Pero aquí apareció mi momento favorito de la noche: aprender de la presencia de la mujer ocupando espacios de liderazgo en el mundo del vino.
Andrea Oberza, de familia viticultora, encontró su pasión por la viticultura durante sus estudios y hoy forma parte de la dirección enológica de la bodega. Antes que ella, Lucía Carrasco también dejó su huella como enóloga. Y la presidencia de la cooperativa está hoy en manos de una mujer.
Eso no es un dato de etiqueta. Es una señal de cómo una industria con siglos de tradición también evoluciona y reconoce el talento, la capacidad y el liderazgo femenino. Como alguien que trabaja todos los días con gente y cultura organizacional, ese fue el tema que más duró hasta después de irnos del evento.
Terminé la noche pensando que me reafirmo en mi interés de escuchar, aprender y descubrir qué hay detrás de cada botella: el territorio, las personas, las decisiones, las tradiciones, la innovación y hasta esas historias que pasan de generación en generación y que nos hacen reflexionar sobre datos aprendidos en libros de texto.
Tres copas. Tres subzonas. Tres maneras distintas de entender la misma variedad.
Gracias, Rosa María, por convertir cada degustación en un master class de Rías Baixas y de Albariño. Y gracias a Divinissimo Gelato por abrir el patio de Ballajá a una noche así.
Ahora quiero seguir descubriendo. La próxima cita será el 2 de octubre en The House Caparra, con una cata especial de vinos espumosos de Rías Baixas. Una excelente oportunidad para conocer una faceta menos explorada. Ciertamente hay muchas más historias por descubrir, y yo pienso seguir brindando por cada una.
🌞 Siempre sal de tu casa como si fueras a vivir algo único. Porque lo vas a vivir. Y ese momento no se repite.